El maltratador de mujeres

La R.A.E. define al maltrato como «la acción y efecto de maltratar» que siginifica tratar mal a una persona, menoscabar o echar a perder. Se refiere a una forma de agresión que se puede manifestar de varias formas: maltrato físico, psicológico o sexual. El maltrato aparece en el marco de la relación entre dos o más personas.

Los maltratadores son personas egocéntricas que realmente no quieren a sus parejas, no saben amar o no pueden amar. Se basan en satisfacer sus necesidades o logros personales, mientras que las necesidades de la otra persona les parece irrelevantes.

Se puede decir que hay dos tipos de agresores:

– Los «dependientes»: tienen un ego profundamente inseguro que les convierten en seres muy susceptibles; necesitan poder dominar a su pareja e imponer sus propias normas para sentirse importante, por lo que su autoestima está basada en ésto último.  Suelen tener relaciones inadecuadas tanto en el ámbito personal como en el laboral. Muchos de ellos suelen abusar del alcohol y presentar ataques de celos incontrolados. Este tipo de agresor es el propenso a suicidarse después de matar a su pareja; una vez que termina con la vida de su «posesión», su identidad se borra porque ya no está la persona que lo fundamentaba y que los hacía sentirse hombres: su víctima. No es un acto de arrepentimiento, sino de impotencia. Algunos «agresores dependientes» suelen ser también violentos con otras personas aunque no es lo habitual.

– Los «agresores psicópatas» no quieren tampoco a su pareja. Su motivación básica es el control de todo lo que está en su ambiente por lo que busca la dominación. El psicópata no mantiene relación afectiva alguna con nadie y su razón para salir con una chica es controlarla, bien para aprovecharse o bien para sentir la excitación del control y la violencia sobre ella. Éstas personas tienen una menor capacidad para sentir ansiedad por lo que usan la manipulación, las mentiras y las tretas muy a menudo; igualmente, suelen fingir un gran encanto exterior y amabilidad que les ayuda a que su víctima olvide los malos momentos y le perdone. NO_al_maltrato_físico_y_verbal_hacia_la_mujer

Algunos agresores están intelectualmente limitados por años de abuso de alcohol o de drogas, pero generalmente sus actos violentos precedieron o coexistieron con este consumo, así que difícilmente podemos echar la culpa a la bebida del origen del maltrato.

El alcohol incrementa la desinhibición, la pérdida del autocontrol y con ello facilita el inicio de la agresión; sin embargo hay muchas personas que beben y no golpean a los demás. El agresor emplea el alcohol porque le da ánimos para agredir sin que después sienta remordimientos o culpa por sus actos.

Los agresores de mujeres, sean dependientes o psicópatas, no están enfermos; por el contrario, se esfuerzan por enfermar a sus parejas.

Uno de los pensamientos más destructivos en este tipo de relaciones es el creer que se puede cambiar a una persona («Con mi amor voy a lograr que se sienta bien y se olvide de sus problemas. Será el chico que siempre quise tener a mi lado»). Según Garrido, «no podemos cambiar en lo esencial a nadie si ello supone modificar sus valores o principios esenciales (el núcleo interno de la personalidad) o si implica cambiar muchos de los hábitos que ayudan a estructurar su vida… No importa que queramos mucho a una persona. Si es un hombre violento, por mucho que lo quieras no dejará de ser un maltratador». Más bien al contrario, las mujeres que tienen como objetivo cambiar a su pareja mediante el «amor» sucumben a las exigencias de éstos en un intento por conquistarles, de moldear en él la persona que quieren que sea. De esta forma, el agresor consigue más dominio y control, y poco a poco la víctima irá mermando su autoestima hasta el punto de perderla completamente sólo por agradar y mantener su relación.

Muchas personas creen que liberarse de una situación de maltrato es relativamente fácil y que sólo requiere que la mujer plante cara al agresor y se vaya de su lado. Es cierto que éste es el objetivo final, pero no es tan fácil como se plantea. La víctima ha estado mucho tiempo luchando por salvar la relación, ésto le ha llevado a la sumisión y cada vez se siente con menos fuerza y autoestima para entender que el problema lo tiene ella y no él, y que debe cortar la relación si quiere recuperar su vida.

Las chicas maltratadas tienen dos opciones: 1) reconocer que su pareja es un tipo detestable al que hay que abandonar y aceptar que se ha equivocado, o 2) comerse el coco buscando un sentido o una lógica que explique que la relación violenta existe porque así lo quiere y porque lo necesita ese hombre en concreto. Si se detiene a buscar el sentido, es muy probable que perdone los malos tratos del compañero; también debido al sentimiento previo de culpabilidad o la inseguridad básica que acompaña a muchas mujeres que les hace no tomar elecciones en su vida y creerse responsable de las decisiones que toma su pareja.

Cuando la situación se vuelve incontrolable para ellas y sienten que están perdidas, aparece una profunda desesperanza o desamparo aprendido. Es un sentimiento de abatimiento y desánimo que abruma de tal forma que no ve salida alguna: «Haga lo que haga las cosas no cambiarán». Es en este momento cuando se debe llevar a cabo el tratamiento que produzca el cambio y la transformación que le permita salir de ese problema.

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En una próxima entrada expondré algunas ideas para tratar este tipo de casos, al igual que algunos ejemplos de historias de maltrato en las cuales analizar las formas de relación agresor- víctima.

 

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